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domingo, 14 de diciembre de 2008

Gloria Cuartas: "le cortaban la cabeza a un niño y me la tiraban a mí". Mujer testigo de los crímenes del paramilitarismo en Urabá.

El General Rito Alejo del Rio, será procesado por montar estructuras paramilitares en Urabá, siendo Presidente de Antioquia, Álvaro Uribe, el cual dio personalidad jurídica a la Cooperativa Papagayo Convivir, mecanismo para legalizar las estructuras criminales del paramilitarismo y recibir recursos de Chiquita Brands. La primera vez que se intentó, el proceso se interrumpió por defectos de forma.

¿Qué sucederá ahora? ¿El fiscal y el tribunal llevarán hasta el final un proceso que sin duda tocará al actual Presidente de la República?

El sacerdote jesuita, Javier Giraldo, y la ex-alcaldesa Gloria Cuartas han sido citados para declarar en este nuevo proceso. Esta última dice haber sido testigo de 1.200 crímenes, ver decenas de mujeres violadas y asesinadas, de presenciar cómo le cortaban la cabeza a un niño y me la tiraban a mí, de ver como mataban ancianos, me indicó, en un momento determinado, que ya no tenía nada qué perder y que iría hasta el final, fuera como fuera y sin importar escaseces.

Gloría afirma que presentará el documento
firmado por el gobernador Álvaro Uribe Vélez, Resolución No.42360 de noviembre de 1996, reconociendo la Personería Jurídica a la entidad denominada Asociación Convivir Papagayo, con domicilio en el municipio de Carepa, Antioquia. Asociación que sirvió para canalizar los recursos para montar las estructuras criminales. Ella plantea que esto y muchos otros hechos demuestran que el esterminio del tejido social y la izquierda en Urabá fue fruto de un plan bien diseñado y no un cúmulo de hechos fortuitos y aislados que dieron lugar a un baño de sangre entre 1995 y 1997 en la región.

REPRODUZCO LA ENTREVISTA A CONTINUACIÓN:

Gloria Cuartas, la mujer que presenció los horrores de la violencia en Urabá y levantó la voz para denunciar sin ser escuchada y sí satanizada por quienes han sido objeto de sus denuncias, rompe el silencio.

Por Margarita Vidal

Hace doce años, durante una visita a Cali, cuando era alcaldesa de Apartadó, Gloria Cuartas, quien acababa de recibir un reconocimiento mundial de la Unesco por su trabajo en pro de la paz en el Urabá antioqueño, se emocionó hasta las lágrimas cuando los estudiantes del Colegio Berchmans no sólo la acogieron y le manifestaron su apoyo, sino que la aplaudieron a rabiar durante su exposición, inscrita en los actos de paz que se realizaban en Cali.

Mujeres muy valientes

Gloria pedía a los caleños aprovechar la capacidad de convocatoria, frente a los procesos de pacificación, del obispo monseñor Isaías Duarte Cancino, quien se había destacado por su heroica gestión en la mencionada zona bananera de Antioquia. El prelado sería asesinado seis años después cuando salía de celebrar una misa en la parroquia del Buen Pastor, del barrio Ricardo Balcázar.

Gloria, una mujer hecha de garra y valor, que presenció los horrores de la violencia en Urabá, que levantó la voz para denunciar y señalar sin ser escuchada, que ha sido satanizada y estigmatizada por quienes han sido objeto de sus denuncias, que ha sido perseguida y amenazada de muerte, que levantó cientos de cadáveres en su condición de alcaldesa, es una sobreviviente.

Ella ha afrontado estoicamente las duras consecuencias por su decisión de ser la voz de las víctimas y por librar sucesivas batallas en contra de la impunidad de los victimarios. Hoy continúa su labor comunitaria en la capital y ve cómo se cumple esa ley no escrita, pero inexorable de que 'el pasado no perdona': la Fiscalía General de la Nación ordenó la captura del General (r) Rito Alejo del Río, quizás el militar más cuestionado en la historia reciente del ejército colombiano y cuyo nombre aparece en varios informes de organismos internacionales sobre violaciones a los derechos humanos.

Considerado por ONG como símbolo del terrorismo de Estado, el general Rito Alejo ha sido aclamado por algunos como el héroe que logró la pacificación de Urabá, a través de su gestión al frente de la XVII Brigada. Sólo que, según numerosas denuncias, ésta se hizo en alianza con los paramilitares.

Gloria Cuartas y el sacerdote jesuita Javier Giraldo, vocero de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, han sido llamados a declarar en este nuevo proceso, luego de años en que sus voces han clamado en el desierto. ¿En vano? La justicia lo dirá.

Sé que ha tenido años de un proceso durísimo, ¿cómo llegó a Bogotá?

Vine a Bogotá porque la Red Nacional de Mujeres me acogió ya que era difícil llegar por muchas razones: por mi posición política, por mi manera de ver la situación del país, porque a veces me convertí en una mujer incómoda.

Entonces me decían: me alegra mucho verte, que buena tu valentía, pero aquí no hay trabajo. Pasé cinco años en situaciones muy difíciles, acompañando procesos comunitarios, más por opción personal que por vínculos laborales.

¿Quiere eso decir que su valerosa actitud de denuncia le pasó cuenta de cobro?

Todo tiene un costo. Podría haber optado por el silencio y la comodidad aquí o fuera del país.

Pude haber aceptado cargos por fuera o haberme acomodado en una estructura donde no pasara nada. Hoy tengo 48 años, y los últimos 13 los he pasado batallando, porque Apartadó cambió mi vida.

¿En qué sentido?

Todo lo que yo había hecho en diferentes partes del país como trabajadora social dentro de una posición política y ética se define en Apartadó. Haber sido testigo de 1.200 crímenes, ver decenas de mujeres violadas y asesinadas, de presenciar cómo le cortaban la cabeza a un niño y me la tiraban a mí, de ver como mataban ancianos, me indicó, en un momento determinado, que ya no tenía nada qué perder y que iría hasta el final, fuera como fuera y sin importar escaseces.

En el momento en que le quitan la cabeza a César Augusto, un niño de doce años, estudiante de una vereda, Victoria, otra niña que estaba conmigo, me indica que nos escondamos debajo de una cama y me dice: Los niños de la escuela no la vamos a dejar matar. Entendí que yo tenía que asumir una actitud hacia el futuro y que ese futuro no dependía de estar allá.

Aunque tuviera que salir de la zona, por muchísimas razones, tenía que seguir trabajando para que se esclareciera la situación de la región, para que se supiera qué ocurrió allí entre 1995 y 1997 y que el país no ha querido afrontar.

Era la época de la 'pacificación'. ¿Cómo analiza usted esa estrategia que, entre otras cosas, ha vuelto a poner en la picota al general Rito Alejo del Río?

Yo me posesioné el 1 de enero de 1995, a través de un acuerdo básico que se llamaba Consenso por la Paz, donde estaban todas las fuerzas sociales y políticas de la zona. Por un lado se hablaba del acuerdo regional humanitario encaminado, supuestamente, a buscar nuevas salidas políticas en la zona y, por el otro lado, se veía venir el diseño de una política, de un plan estructurado, planificado y pensado para eliminar a la izquierda.

En esa época se hablaba de la Operación Génesis, ¿qué fue?

Un plan, una estrategia de exterminio. Operación Génesis no arranca necesariamente en el 95, ya estaba pensada desde mucho antes y se puso en marcha en ese año porque es el momento en que se transforma el uso del suelo en la región de Urabá.

¿Era un plan para eliminar a la izquierda y facilitar el retorno de los partidos liberal y conservador a la zona? ¿Se trataba de acabar con la guerrilla sin negociación y para ello había que empezar en un campo experimental como el de Urabá? Yo venía de hacer un acompañamiento de la

Unión Patriótica, en la que muchos veían como una nueva oportunidad política para el país, pero todo se había ido derrumbando.

Era una situación terrible. Los concejales de Urabá me decían que trabajara por el acueducto, el alcantarillado, la energía y que no me metiera en los asuntos de orden público porque eso estaba a cargo del gobernador, que era Álvaro Uribe Vélez.

Hoy puedo afirmar que todo ese proceso no se trató de acciones aisladas, ni que a un general se le ocurriera hacer alianzas con Carlos Castaño o que Pedro Juan Moreno, por opción personal, le diera personería jurídica a Papagayo, la cooperativa de las Convivir o que al azar se estuvieran consolidando las nuevas políticas de la zona. Allí había un plan pensado, estructurado y ejecutado con precisión.

Pero también la acción de las guerrillas era aterradora...

Claro, las acciones de las Farc o del Epl en la región del Urabá fueron muy graves, pero no creo que la decisión de eliminar a la población civil como una forma de eliminar a la guerrilla, haya sido la acertada. Yo creo que hubo una decisión política de eliminar todo el movimiento social del Urabá y hablo especialmente de

Apartadó. Las masacres se sucedían unas a otras y veinte mil hectáreas de tierra fueron desalojadas.

Tuvimos registro oficial de cientos de familias despojadas, hombres, mujeres y niños, y todo lo fuimos documentando con el Comité de Medicina Legal que se estableció con distintas entidades y todo quedó debidamente certificado.

Yo creo que la captura de Rito Alejo del Río hoy tiene implicaciones muy serias que el país no alcanza a dimensionar ni siquiera cuando yo misma asumo la responsabilidad de plantear que cualquier investigación al general Rito Alejo, la que sea, necesariamente toca al Presidente de la República, porque Rito Alejo era el comandante de la XVII Brigada y Álvaro Uribe era el Gobernador de Antioquia.

Bien lo dice Fernando Londoño en alguna de sus columnas: 'Gracias a la decisión del presidente Uribe, gobernador en ese entonces, Rito Alejo logró pacificar la zona'.

Qué cree que pasará con Rito Alejo?

Hicimos un derecho de petición al Fiscal General en el que le decimos que es muy importante que asuma personalmente el caso, porque no puede volver a suceder que lo dejen libre por errores de procedimiento.

Usted nombró la cooperativa de las Convivir, 'Papagayo', ¿qué tuvo que ver con el tema de la violencia de Urabá?

Tengo este documento firmado por el gobernador Álvaro Uribe Vélez, Resolución No.42360 de noviembre de 1996, reconociendo la Personería Jurídica a la entidad denominada Asociación Convivir Papagayo, con domicilio en el municipio de Carepa, Antioquia. Como recordará,

Papagayo fue la que recibió los recursos de Chiquita Brands para montar la estructura que desencadenó en la región del Urabá antioqueño la eliminación sistemática de las personas. Cuando a mí me dicen muestre una prueba, yo muestro ésta. Es una prueba material. El Heraldo de Urabá, un periódico local que cubría todos los conflictos regionales, registró todos los hechos para que los interpretara la historia y si hoy uniéramos esos textos a las versiones de HH, a las mías y a las de tantos otros, en la Fiscalía podrían armar el rompecabezas. La gran pregunta es:

¿Quién se atreve a armar ese rompecabezas?

Podría ser el Fiscal, porque de lo contrario, ¿por qué ha abierto el caso de Rito Alejo?

Yo creo que se hará hasta lo imposible para depositar la culpabilidad de todo en Rito Alejo del Río. Y quiero manifestar esa preocupación porque el responsable no es única y exclusivamente el general del Río.

Suponiendo que ocurriera nuevamente -y supuestamente en contraevidencia- una exoneración del general del Río, queda de todas maneras una instancia más alta que es la Corte Penal Internacional, que tiene la lupa sobre Colombia.

¿Estaría dispuesta a ir hasta allá?

Pues claro. Lo que yo le digo es que hay un grupo de abogados que me acompañan y que no vamos a desistir. El tiempo me ha enseñado que esto es largo y que hay que tener paciencia.

Han pasado 13 años y yo cada día recuerdo el nombre de las víctimas y veo que en San José de Apartadó hay hoy, nuevamente, una estructura paramilitar que tiene el control económico, político y social de la región. Esa es una realidad actual.

El periodista Daniel Coronel hace un año hizo una denuncia pidiendo explicaciones para la 'racha inexplicable y fatal' que ha ido acabando a quienes se han atrevido a atestiguar en contra del General Rito Alejo del Río y se refiere, entre otros, a Oswaldo de Jesús Giraldo...

Sí. Los abogados que acompañaron ese proceso están en Bogotá y son testigos de que ya estaba toda la denuncia lista. El CTI estaba al tanto, pero llega un miembro del equipo de abogados del general Rito Alejo y lo amenaza diciendo que si no se retracta acaban con su familia. Fue tanta la presión que él advierte que lo van a matar, y a su familia, y que él se retracta. Así lo hizo y sin embargo al salir de la cárcel lo mataron.

Está, por ejemplo, el caso de Pedro Juan Moreno, que había empezado a contar cosas en su periódico La Otra Verdad. Yo estoy segura de que Pedro Juan fue eliminado por las estructuras que rodean al presidente Uribe.

¿Pero por qué?

No es que él no esté implicado. Está implicado. Y le digo que si algo ha caracterizado al presidente Uribe es la capacidad absoluta de borrar pruebas. Entonces siempre aparece impecable, inocente, como el padre protector que trae el orden, pero de él no se sabe nada. Por eso, que Gloria Cuartas diga cosas, que denuncie y que acuda a las instancias judiciales, sólo significa que habla mucho o que está loca. No se le da credibilidad a mis palabras y a las experiencias que viví. Pero resulta que lo mismo que yo he dicho siempre lo estaba publicando también Pedro Juan y cuando empieza a hacerlo, en su periódico

La Otra Verdad, muy convenientemente se muere. Yo no creo en el accidente de Pedro Juan. Él podía morirse de cualquier otra manera, pero no por un problema de seguridad.

¿A qué le apunta usted ahora?

Vamos a trabajar muy duro en el tema de la justicia en las instancias nacional e internacional porque todos los casos los cerraron por falta de pruebas- entre comillas- Ni siquiera cupo la responsabilidad por omisión.

Era sencillamente imposible que hubiera sucedido lo que sucedió cuando había más de 16 mil hombres en las Brigadas Móviles de la región del Urabá, a menos de media hora entre Carepa y Apartadó y que se hubiera presentado un cuadro criminal como el que sucedió.

A esto añádale el maltrato a las autoridades locales, la arrogancia del ejército, la creación de las zonas especiales de orden público. Para mí, Urabá fue el laboratorio de lo que se conoce como Política de Seguridad Democrática'.

¿Dónde entra Uribe?

Álvaro Uribe como gobernador hizo tres cosas: la zona especial de orden público -entregar a los militares el control de zonas, pasando por encima de los alcaldes y los concejales elegidos por el pueblo-. Un poder militar por encima de todo. En segundo lugar, las Convivir: legalización del paramilitarismo antes de la Ley de Justicia y Paz. Una de ellas autorizada por él, y tres: instalar todo un discurso de fuerza en la zona como vía para encontrar la llamada pacificación de entonces.

Ese modelo lo que hizo fue replegar de la zona a la guerrilla, reordenar el uso del suelo en una zona en la que, aún en los días mas críticos, hubo la más alta rentabilidad económica. En fin, es una larga y triste historia que tiene que aclararse. Por eso creo que la vía Rito Alejo del Río puede conducir a otro infierno. Allí están implicados empresarios, tal como ocurrió en otras regiones del país, cuyos nombres tienen que revelarse.

¿Dónde están hoy los políticos de la zona? ¿Dónde están los responsables? Yo por eso no creo en la Ley de Justicia y Reparación. Algo muy endeble e improvisado que de todas maneras sufrió un golpe de muerte con la conveniente extradición de los 14 jefes paramilitares. Las víctimas piden justicia y la única manera de conseguirla y de que el país empiece a sanar de unas heridas tan horrendas, es que se sepa la verdad.

El episodio del niño al que le arrancaron la cabeza, ¿cómo sucedió?

Fue entre julio y agosto del 96 en la Escuela La Cadena, César Augusto, un niño de 12 años, vio que los paramilitares pintaban consignas en la pared. Cuando yo llegué con el resto de los niños me contaron que César Augusto había sido testigo de la acción de los paramilitares.

Cuando miré hacia atrás de la escuela los paramilitares habían cogido al niño y delante de nosotros le quitaron la cabeza y nos la arrojaron. Yo permanecí allí como 5 horas con los niños, en medio de una balacera, porque la Cruz Roja Internacional no entró dizque porque no había condiciones.

El general Rito Alejo dijo después: 'Eso no pasó. Esas son visiones suyas. Usted va a tener que buscar ayuda'. Decirme eso a mí que había visto a la mamá con el cuerpo del niño y a su hermanita con la cabeza. No. Ni fueron visiones, ni estuve, ni estoy loca. Lo que vi lo vi.

Todo sucedía mientras yo le insistía al general Rito Alejo que hiciera algo porque los paramilitares estaban acabando con todo.

Mientras tanto él se reunía con ellos en la finca de Augura, en el Club Social, en San Pedro de Urabá.

martes, 19 de agosto de 2008

LOS CARNICEROS DEL URABA ANTIOQUEÑO

Por Gloria Cuartas - ex-alcaldesa de Apartado 1995-1997 dhcolombia / Domingo 10 de agosto de 2008.

EXPERIENCIAS EN EL DISEÑO DE LA POLITICA DE SEGURIDAD DEMOCRATICA

En el seno del Gobierno hay inquietud y preocupación, y no es para menos. Para nadie es un secreto la cercanía que tuvo el presidente Álvaro Uribe con Rito Alejo Del Río, cuando él era gobernador de Antioquia y el General comandaba en el Uraba la Brigada XVII, con sede en Carepa (11 de noviembre de 1995 - 16 de diciembre de 1997). Revista Cambio del 7 al 13 de agosto 2008. Numero 788

¿Qué relación y responsabilidad tiene el poder político y económico de Antioquia en el período 1995-1997 y su extensión hasta nuestro días con el exterminio de población civil” en el Uraba?

¿Por qué la implantación del modelo económico de privatización organizado por la alianza entre ganaderos, agricultores, bananeros y transnacionales con el gobierno regional, y salvaguardo por la estrategia militar- paramilitar de expoliación y muerte, permanece sin vínculos y sin responsabilidad entre el General Rito Alejo del Río y el hoy Presidente de la Republica Álvaro Uribe Vélez?

Parece que las preguntas llevan implícitas las respuestas. Las voces de las victimas de las horrendas masacres que se cernían a diario sobre esa región y de las muertes selectivas que aun se cometen, no han sido escuchadas por la institucionalidad, las victimas siempre reclaman justicia y verdad. Siempre denunciando el Plan sistemático de “Pacificación del Uraba”: el laboratorio campesino de muerte profesional como instrumento para la “paz”, consolidado históricamente, con la creación y legalidad de las AUC y legitimadas por Uribe Vélez Gobernador, con las llamadas CONVIVIR, continuada como política integral de Estado, por el llamado paramilitarismo, que desde ese momento hasta hoy, siembran las prolíficas tierras del Uraba de fosas comunes.

Hoy desde la Presidencia de la Republica, continuada de otra forma más sutil, la legitimación de la política mediante el artilugio de la desmovilización y negociación del Estado con el paramilitarismo, mediante la “Ley de Justicia y Paz”, negociada como instrumento de impunidad y legalización de los criminales, mostrada ante el mundo como el compromiso del gobierno con el país, que los paramilitares, hoy convertidos como cuerpo en grupos sociales y guardabosques. Legalización presentada como un éxito de la política de seguridad democrática que s aprecia de afirmar que gracias a ello los paramilitares entregaron verdades, armas y ante todo “reparación”. Han consolidado la “matriz social” de control a la población civil.. Cual Justicia? Nada más alejado de la verdad.

Los crímenes continúan en la impunidad, los paramilitares continúan delinquiendo, los “elegidos” con estos votos, se cambian el derecho a seguir legislando con el aval del Presidente. No creó que la verdad que hoy sale a la luz, sea exclusivamente como efecto de la ley de justicia y paz. Es y parece extraño, son los Victimarios, los Carniceros, los que cuentan episodios de cómo, donde, con quién, con que fin se desarrollo esta estrategia. Algunos lo hacen porque les han incumplido los pactos políticos y mientras que otros se resienten porque quienes de la mano de estos graneaban las estrategias de exterminio de las comunidades, hoy permanezcan inmunes, en silencio, en la vida ciudadana, como grandes señores, presidentes o generales de la república. La política de la mentira, la deslealtad, la desconfianza entre las personas, la violacion a la soberania nacional y la de los paises vecinos, centran los llamados “valores” de la política de seguridad democrática.

Todavía insito en dar cuenta al país de mi testimonio, me niego al silencio impuesto por los operadores y por los medios de comunicación, a denunciar que las mujeres y hombres que fuimos testigos del exterminio de las comunidades y que nunca fuimos tomados en serio por los “operadores de justicia”, exigimos justicia, exigimos verdad, exigimos la responsabilidad de todos los responsables, las pruebas están ahí en el análisis del contexto político, económico, cultural de la región.

Los operadores de Justicia, se negaban a tener en cuenta nuestras denuncias sobre la responsabilidad de los “carniceros” institucionales, afirmaban que no teníamos pruebas judiciales directas de la responsabilidad contra el general Rito Alejo y el Gobernador de ese entonces Álvaro Uribe, entre otros, en las masacres del Uraba. No les bastaba con las voces de las víctimas, con el análisis de contexto que entregábamos, con la prueba material de los hechos, ellos esgrimían que ellos requerían la prueba procesal, la que cumple con los requisitos de forma, como si fuera posible separar la verdad material de la formal, como si la verdad no fuera sólo una, como si el testimonio de las víctimas aunado a los hechos contextuales no fuera suficiente,.como si la razón de la decisión judicial no dependiera de la reconstrucción de los hechos conforme al contexto, como si de lo que se tratara no fuera de establecer la verdad, sino de dirimir a favor del mas fuerte un proceso. Como si no existiera responsabilidad a la luz de la Constitución de los que tienen a su cargo el cuidado de la vida como principal mandato.

Estos operadores jurídicos, llámense jueces, fiscales, procuradores judiciales, hoy tienen la obligación ética y moral de responder al país. ¿Cuantas visitas a la fiscalía? Cuantas veces mujeres y hombres, relatamos los sucesos del desplazamiento, el dolor de familiares de desaparecidos, mujeres violadas, asesinatos selectivos, cuantas veces fuimos con las mujeres a “rescatar” de la presión para a los hombres inermes, mientras el “General o mejor el Carnicero” gozaba de los avances y los reportes a su jefe inmediato que conocía TODO lo que pasaba en la zona. Y siempre la pregunta por la Prueba judicial. No bastaba el dolor, ni señalar a los responsables. Tal vez hoy los cómplices de esas masacres respondan por el “Eslabón Perdido” de los responsables que tienen nombre evidente y que no se atreven a responsabilizar, aunque todos saben quienes son los “Carniceros del Uraba” y donde están hoy.

En nombre de la paz, de la inversión económica, de acabar con la guerrilla, el entonces Gobernador Álvaro Uribe y su secretario de Gobierno diseñaban la estrategia mayor.. Hoy siento mucho que Pedro Juan Moreno, no este vivo? ¿Quién lo saco del juego? ¿Quien conocía del poder y la verdad que guardaba Pedro Juan Moreno?…Quien lo mando matar? Cuanto diera hoy por escuchar con su soberbia habitual y la alegría que se dibujaba en su rostro con cada desplazamiento y cada muerto “comunista” y claro los reportes de misión cumplida de Álvaro Uribe, lo que nos podría decir desde su “verdad”.. Quien mato a Carlos Castaño o estará en Israel?

Desde esta experiencia de exterminio, empresarios bananeros, políticos, y algunos religiosos dieron vía libre a la operación militar esa que hoy “H.H”, el Alemán, Mancuso, Don Berna, Melasa, entre otros, denuncian. Estas practicas las de ayer y las de hoy, no son hechos aislados, no fue a la espalada del país, ni de los medios de comunicación, NO, esto exige que hoy mas de 13 años después, la verdad se le cuente al país y se responda, NO POLITICAMENTE ( pedir excusas afirmando que lo hicieron otros) como el Gobierno ya se esta acostumbrando a sectores del país, no, exigimos que se responda desde la justicia, con sanciones personales.

Ya sabemos que desde la política es simplemente asumir que era “necesario hacerlo” porque valía la pena esto parta salvar a Colombia del comunismo, era una tarea del “elegido” que tiene que imponer una moral salvadora a los corderos. Si señores y señoras… Es hora de levantar la voz con las victimas. Contra la inmoralidad de este gobierno basado en la falsedad, la mentira cotidiana, la palabrería vacía de ética, exige que la gente DESPIERTE. El gobernante de arena, no puede seguir pretendiendo ser reelegido con una historia de crimen, mentira, complicidad. Será que los medios de comunicación acompañaran una marcha exigiendo la responsabilidad de los nunca nombrados General Rito Alejo y Presidente Uribe?

Hoy no puede seguir el silencio sobre las masacres y el descuartizamiento selectivo en el URABA, que hasta hoy sigue vigente. No podemos estar presenciando que saquen de sus casas a hombres y mujeres responsabilizándolos según el estado de ser terroristas, no podemos estar en silencio mientras avanza la masacre, la muerte selectiva, el señalamiento golpeando a las comunidades que NO olvidan, que no venden su dolor del pasado por un plato de lentejas.

Desde mi condición de ciudadana exijo que los operadores de justicia que estaban en la zona del Uraba, en especial en el periodo 1995-1998 entreguen su versión de lo que paso. Donde estaba el defensor del Pueblo? Donde estaba medicina legal? Donde los jueces, fiscales? En fin estoy como siempre indignada de este adormecimiento del país y la desmemoria impuesta. Donde esta la responsabilidad de Luís Camilo Osorio? Donde están los rostros humillados de niñas y niños que los obligaron a crecer sintiendo que sus familiares era mejor que morirán de cualquier forma y de esa manera purificar los pecados en la tierra y ahora si ellos no estaban al lado de los victimarios correrían la misma suerte.

Hoy el Presidente Uribe quién no solo hizo homenajes al General de la muerte, sino que con el, presentaban al país su modelo, su propuesta de gobierno, de seguridad, su propuesta de dirimir los conflictos. Presentaba en ese homenaje su postulación a la Presidencia de la Republica y prometía que la “ valentía” el coraje de Su General habían mostrado la manera de devolver la paz a Colombia, no diálogos, no salidas políticas, la fuerza, la violencia, la venganza, la alianza narco-armas, política serian los nuevos ritos de la secta.

Exijo que la justicia si todavía podemos nombrarla que muestre su rostro frente al Presidente Uribe, que el General Rito Alejo, Luís Camilo Osorio, desmovilizados del EPL, inclusive, los asesores actuales del Gobierno vinculados a este capitulo de la historia del país respondan. También los cooperadores económicos, nacionales e internacionales respondan, los quiero ver a todos mostrando su rostro a las victimas.

Mas información: www.gloriacuartas.org